lunes, 4 de mayo de 2015

En el espejo en el que me miro…


En el espejo en el que me miro
aparecen  sombras de otros tiempos,
figuras etéreas que reivindican su silencio y me acompañan.
Se extiende ante mí una imagen informe -soy yo misma-
y puedo ver la oscuridad y la luz que se esconde en los escombros.

Siento extrañeza en compañía de mi propio pensamiento.
Busco la salida,
la huida entre una multitud
que apresa mis ganas de soltarme de una vez,
para siempre...
dejándome caer y recaer en los abismos,
sin aferrarme a lo que soy,
a lo que he sido,
rebelándome en la nada,
convirtiéndome en la propia jaula.
El odio, la frialdad, el cinismo…
sus mayores y más perfectos logros
me impiden gritar que vivo
temiendo nuestra propia fragilidad,
el rechazo hacia la singularidad
de lo que un día se consideró
único
tras los ventanales que recogían
nuestras luces y nuestras sombras,
el paisaje
en movimiento
y la vida
en un mismo tiempo,
inalterable.

Déjame en mi reflejo,
sabiendo que en los naufragios hallaré las respuestas
y que cuando sea entonces
y esté a la deriva,
podré dejarme llevar por el viento
que agita la risa
en tus ojos.