domingo, 30 de noviembre de 2014

Freud, Shakespeare y el maltrato.





El amor como fuerza creadora de las más bellas historias, de los más bellos retratos y poemas, de las más hermosas sinfonías…
El amor como fuerza destructora de grandes imperios, de ciudades, de vidas o de sueños…
El amor en todas sus expresiones, facetas y condiciones ha sido motor y fuerza de la vida humana, llena de pasiones, deseos, odios y desengaños y en consecuencia del propio arte, reflejo de las inquietudes de los hombres y de sus historias. Desde los inicios del mismo pensamiento hemos tratado de darle una explicación a lo que no conocemos, a lo que nos da miedo, a lo que se escapa de la mera percepción o de nuestro conocimiento acerca de lo que nos rodea. Así ocurre con el amor ¿Qué es? ¿Cómo aparece? ¿Qué te hace sentir? ¿Dónde se encuentra? ¿Se acumula? ¿Desaparece? Estas dudas llevan a confundir, en muchas situaciones, el amor con ciertas pasiones oscuras como los celos o el control sobre las personas. Pasiones que nada tienen que ver con el amor real.
Muchos han sido los escritores, filósofos o poetas que han intentado buscar la definición del amor, la fórmula, el denominador común. Sin embargo, cada una de ellas depende de la propia historia del autor más allá del tiempo o el espacio. Por ejemplo para Platón, filósofo de la Grecia clásica “el amor es la alegría de los buenos, la reflexión de los sabios o el asombro de los incrédulos.” es decir, una idea que proporcionaba satisfacción y conocimiento; en cambio, para Lope de Vega o Quevedo, autores del siglo de oro español, el amor es para el primero “creer que un cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño y para el segundo “herida que duele y no se siente, es un soñado bien, un mal presente”, “enfermedad que crece si es curada” en definitiva, una contradicción en sí mismo. Por último, Para Bukowski, poeta estadounidense de mediados del siglo XX “el amor es parecido a ver una niebla en la mañana cuando despiertas antes de que salga el sol. Es solo un pequeño momento, y luego desaparece… El amor es una niebla que se incendia con la primer luz del día de la realidad”,  un sentimiento maravilloso, cegador y efímero.
En el lado contrario, o tal vez como parte del mismo, encontramos el odio como fuerza creadora de las más trágicas  historias, de los más oscuros retratos y poemas, de las más graves sinfonías…
También el odio como fuerza destructora de grandes imperios, de ciudades, de vidas o de sueños…
El odio ha resultado ser a lo largo del tiempo la fuerza más poderosa, más incluso que el amor. El odio es increíblemente profundo, tenaz y persistente, consigue pasar de generación en generación y continuar perfectamente intenso aunque las personas que lo sientan hayan olvidado ya sus motivos. El odio puede contagiarse, aprenderse y enseñarse y así “basta con que un hombre odie a otro para que el odio vaya corriendo hasta la humanidad entera.”, como aseguró Sartre.
Ambos sentimientos componen una dicotomía que parece regir nuestra propia existencia. Freud en el siglo XX elaboró una teoría dualista según la cual la naturaleza humana surgía de dos instintos básicos: Eros y Thanatos. En Eros se encuentra el instinto de la vida, el amor y la sexualidad y en Thanatos, el instinto de la muerte, la agresión y el odio. Eros nos conduce hacia la atracción y reproducción; Thanatos hacia la repulsión y la muerte. Sin embargo, cabría preguntarse entonces ¿cuál es el origen de estos impulsos? ¿son el origen propio de ellos mismos? o ¿punto de inicio para su contrario?
¿puede el odio nacer o alimentarse a partir del amor? ¿es capaz el amor de nacer del odio y llegar a superarlo? ¿cuál es la fuerza vencedora?
Freud tomó como inspiración para esta teoría la mitología griega. Eros era el dios del Amor  y la pasión, constituía una fuerza cósmica que según la leyenda llego a presidir el cosmos. Eros también era el dios que unía dioses y hombres y así el amor se presenta como una idea que mantenía todos los elementos unidos entre sí como algo continuo.
Thanatos era el dios de la muerte. Es curioso como Thanatos era el hermano gemelo, dentro de la mitología griega, de Hipnos, el dios del sueño y aquí encontramos la primera asociación o el estrecho vínculo entre la muerte y el dormir. Entre las diversas manifestaciones del instinto de la muerte están la agresividad o la violencia a las que thanathos como una pasión complementaria al Eros conduce con los celos, el odio…

Eliminando concepciones meramente estilísticas y literarias, encuentro en Shakespeare, dramaturgo inglés perteneciente al teatro isabelino (s. XVII) y por tanto tres siglos anterior a Freud, un gran reflejo de la teoría freudiana dado el gran interés que muestra el autor en sus obras por el estudio de las pasiones humanas llevadas al extremo (el amor, la ambición, el odio, los celos)  y las consecuencias que llegan a tener; en definitiva, un tipo de psicoanálisis de características algo más primitivas y con una sensibilidad y tono algo más mortal que ha marcado un antes y un después en la cultura occidental llegando a nosotros de una forma más natural y cercana que la propia teoría freudiana que percibimos como una idea más lejana y casi inaccesible. Sin embargo, en la obra de Shakespeare vemos retratada la condición humana con sus impulsos, pasiones y vicios como motor de las acciones de los personajes.

Podemos asegurar que una de las tragedias más representativas de esta lucha que se da dentro de uno mismo entre el Eros y el Thanatos o el amor y la muerte seria Otelo cuyo tema principal es la tragedia entre Otelo y Desdémona debido a los planes del malvado Yago, su alférez, a causa de su desmedida avaricia y sus deseos de venganza. En esta obra se trata la historia de amor entre Desdémona y Otelo y como esta se ve truncada por la aparición de Yago quien desea ocupar el cargo de Casio, el teniente de Otelo. Yago quien oculta sus verdaderas intenciones bajo una falsa lealtad y obediencia hace, mediante manipulaciones, que Otelo mate a su mujer a causa de sus celos. Al final Yago es descubierto por su mujer, que le había sido infiel manteniendo relaciones con Otelo antes de su matrimonio con Desdémona , y Otelo termina hiriendo a Yago y suicidándose por el error que había cometido.
Desdémona era una doncella bella, de buena familia y muy respetada mientras que Otelo era un general triunfador en la batalla, rico y poderoso pero de tez oscura y de orígenes inciertos. Ambos se enamoran y el poder de Otelo es suficiente para que la familia acceda a su matrimonio. Sin embargo Otelo no se muestra seguro de sí mismo, se siente juzgado y excluido por el resto y eso le lleva a dudar de la fidelidad de su propia esposa. Al principio son dudas sin una real importancia pero la influencia de Yago hace que el monstruo de los celos despierte incontroladamente dentro de Otelo quien desquiciado termina asesinando a la mujer que ama, a Desdémona.
En Otelo conviven ambas pasiones, Eros y Thanatos, que se van alternando durante la obra. Al principio se mueve por el Eros,  se enamora de Desdémona y viven su  historia de amor. Sin embargo, y a pesar de saber que Desdémona está perdidamente enamorada de él,   la duda no desaparece de su mente, se siente inferior a su mujer y siente que no la merece. Esta duda se va agravando movida por las pasiones más oscuras, por celos patológicos desmedidos y la falta de confianza que Otelo tiene de por sí haciéndole terminar con la vida de su mujer de forma premeditada y al final con su propia vida.

En mi opinión estamos demasiado habituados a convivir justificando la presencia mayoritaria del Thanatos o de convertir estas pasiones en una idea errónea de lo que es el amor. Sentimos muy alejada la tragedia de Otelo cuando esta obra refleja situaciones que por desgracia vemos día tras día en los medios de comunicación.  Hombres que son ejemplos como ciudadanos en la vida pública pero que en su vida privada maltratan a sus parejas sometiéndolas a vejaciones tanto físicas como psicológicas con el único motivo de imponer su autoridad y acabar con los demonios que residen en su mente.
El problema más preocupante lo encuentro en el aumento desmedido de la violencia de género y el machismo y la justificación que muchas jóvenes dan por desconocimiento de estas situaciones, al igual que Desdémona. Se parte de una premisa errónea pero socialmente inculcada del amor y de las relaciones. Situamos los celos dentro de las pasiones pertenecientes a lo que Freud denominaría el Eros puesto que “cuanto más celos tiene más me quiere” cuándo estos no dejan de ser pasiones destructivas que solo conducen a la agresividad y a la violencia. No creo en un amor que nazca y se perpetúe con la imposición y el control de una de las partes de la pareja. Se aceptan las llamadas constantes, el control de la forma de vestir e incluso las prohibiciones a salir con otros chicos y con amigas solteras puesto que “lo hace porque está enamorado de mí y se preocupa”.  Tendemos a convertir todas las pasiones negativas violentas en pasiones positivas provocando una situación actual insostenible.
Me es imposible creer que la justicia actual en España y los propios medios de comunicación sigan culpando, en algunos casos, a la propias mujeres de denunciar falsos casos de acoso o de violación. Me es imposible creer que en pleno siglo XIX se sigan aprobando socialmente los prostíbulos dónde la violencia y la agresividad y las vejaciones se suceden día a día, dónde se trata a las mujeres como objetos que comprar y vender, dónde grandes dirigentes firman contratos o celebran fiestas y al día siguiente lamentan el aumento del maltrato y el machismo en España.
Siempre se ha tenido miedo a la capacidad de las mujeres o a lo que pueden hacer sintiéndose y siendo completamente libres tanto en la actualidad como en la época en la que Shakespeare escribió su Otelo y Freud nos habló de las pasiones contrarias, el amor y el odio, que conviven dentro de las personas.



1 comentario:

  1. Muy buen texto, Marta. Muy interesante.

    Decía Eugenio Trías, un filósofo español recientemente fallecido que conviene no confundir entre Amor y Deseo. El Amor, como Platón afirma, es posesión, pero no en el sentido habitual del término (como tener algo), sino en el sentido de pasión, de estar poseído. El alma anhela poseer y ser poseída, fundirse con el ser amado dando lugar a una nueva estructura, un nuevo Ser. El Deseo, por el contrario, siempre apunta a un objeto distinto del sujeto; deseo de esto o de lo otro e igual que deseamos cosas podemos desear a una persona. El Deseo implica siempre la separación entre un sujeto, el que desea y un objeto, lo deseado. Los celos y el maltrato son hijos del Deseo, no del Amor.
    Saludos

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