jueves, 27 de noviembre de 2014

El arte de vivir.



 Después de llevar mis últimos catorce años inmersa dentro de un sistema educativo increíblemente inconstante y prácticamente en ruinas creo que soy capaz de afirmar, sin lugar a dudas, que han sido esos catorce años los que han marcado la persona que soy tanto para bien como para mal así como la persona que seré en un futuro. Probablemente no nos damos cuenta de la importancia de la educación hasta que ya es demasiado tarde, hasta que ya hemos asumido una forma, una lógica, un pensamiento. Hasta que ya aceptamos el fracaso como un error y nos dejamos definir por un número o una nota media. Hasta que nos señalan y aceptamos como una verdad inquebrantable que nuestra vida futura va a depender de todo ello.  
Encontramos en un diálogo de Platón, uno de los más conocidos, a pesar de estar escrito hace 25 siglos  un sentido y una relación con la actualidad, una actualidad que nos afecta a todos a pesar de la indiferencia o la dejadez que mostremos o pretendamos aparentar. Se trata del Mito de la caverna y en él aparecen en primer lugar los prisiones quienes tienen su cuello atado con cadenas lo que hace que únicamente puedan observar y conocer las sombras que se proyectan en una pared obligándoles a vivir en la ignorancia puesto que detrás de ellos se alza un muro y tras él unos individuos que portan una serie de objetos, objetos sensibles.  Al haber detrás de ellos un fuego, los objetos de los portadores reflejan su sombra en la pared que, a su vez, ven los prisioneros quienes, al no conocer otra realidad, piensan que son objetos reales y no meras sombras  proyectadas. Sin embargo, los portadores ,a pesar de ser conocedores de la existencia de los prisioneros, no hacen nada para liberarlos y es más,  proyectan las sombras con un claro propósito, mantenerlos en la ignorancia. Valiéndose de esta escena Platón compara a los portadores con los sofistas quienes aun conociendo la realidad, mediante la demagogia y la retórica (proyectando sombras), hacen lo posible para mantener a los ciudadanos (los prisioneros) alejados de ella y así continuar ejerciendo una posición de poder y control en beneficio de sus propios intereses.  ¿Qué ocurre entonces? Uno de los prisioneros logra liberarse y así aparece la figura del maestro quién sí conoce la realidad ya que fuera de la caverna ha podido contemplar el Sol (el bien, la idea suprema, el máximo grado de conocimiento) y quiere mostrársela a los prisioneros que quedan ignorando las imposiciones de los portadores. Al principio del camino (el inicio del aprendizaje)  la luz  del fuego le deslumbra y el prisionero no cree que lo que está contemplando pueda ser real puesto que las sombras habían sido lo único que había conocido desde un principio.  Sin embargo, a medida que asciende el tortuoso sendero hacia la salida, va adquiriendo un verdadero conocimiento sobre todos los objetos físicos que le rodean, un conocimiento que para Platón no es real puesto que esos objetos pertenecen al mundo sensible y por lo tanto se encuentran en un cambio constante. Una vez llega al exterior, al principio otra vez deslumbrado,  puede conocer completamente.  Está ahora en el mundo de las ideas, el mundo real y puede contemplar el sol, la idea suprema del bien necesaria para poder regir nuestros actos y poseer un verdadero conocimiento. Sin embargo, el hombre virtuoso, según Platón, no es aquel que pasa toda su vida en ese mundo ideal ni el que se mantiene guardando lo que conoce para él mismo sino que es aquel que es capaz de volver otra vez al fondo de la caverna con el fin de ayudar a que el resto de prisioneros se libere, a que el resto de prisioneros conozcan, ese es el verdadero maestro. Para Platón la educación es la única vía para acceder al conocimiento y librarse de la ignorancia.
¿Qué relación puede tener esto con la actualidad?  Algunos dirán que ninguna, ahora nadie nos obliga a vivir en la ignorancia ni nos mantienen ajenos a las decisiones mostrándonos solo una parte ínfima de la realidad. ¡Al contrario! vivimos en una democracia, tenemos libertad de expresión, podemos acceder a todo tipo de informaciones gracias a los medios de comunicación  y a todo el mundo se le garantiza una educación. Sin embargo, otros veremos en la realidad actual el reflejo perfecto del mito de la caverna de Platón y es que estamos gobernados por los portadores, por sofistas, por expertos demagogos que sin cadenas y utilizando la democracia como pretexto conducen las opiniones de las personas hacia sus propios intereses, hacia los intereses de un mundo y un país en el que el capital se sitúa infinitamente antes que las vidas humanas. Así nuestro papel de ciudadanos aumenta en cierto modo con respecto al mito de la caverna puesto que para mantener el orden “democraticamente” preestablecido estamos inconscientemente destinados a ver, callar, producir y consumir. Es lo que conocemos, es con lo que hemos crecido y es con lo que viviremos a no ser que se produzca un cambio. Este cambio se sitúa para Platón el sendero de la educación, es decir, el proceso que todo ciudadano debe seguir para alcanzar lo que él denominaba el mundo de las ideas y que nosotros recogeríamos en la palabra sabiduría, sendero que también nos conduce a la libertad.
Entonces la pregunta sería ¿Cómo conseguir esa sabiduría y esa libertad a día de hoy?  Otra vez algunos responderían que con el sistema actual sirve, es suficiente puesto que es lo que se ha venido utilizando desde siempre y por lo tanto debe ser lo correcto. Sin embargo nos encontramos con que ese sistema no pretende formar ciudadanos, lo único que pretende es mantenerlos como a los  “prisioneros” en la caverna  justificando y ennobleciendo el uso de las cadenas que hacen que contemplemos como verdades universales, inquebrantables e inamovibles unas sombras que al final acabamos percibiendo como reales puesto que perdemos la capacidad de preguntarnos si no podría haber algo más allá. Este pensamiento único responde solamente a los intereses de los  gobiernos por hacer  de los ciudadanos instrumentos sin la capacidad de pensar o decidir por sí mismos o de valorar  lo que tienen y someterlo a la duda que es propia de cada persona. Este pensamiento único hace que nos perdamos como individuos reduciendo nuestras capacidades al colectivo, a lo común y es que al pensar lo contrario nos arriesgamos a ser tachados de irreverentes, nos arriesgamos al fracaso,  algo que resulta inconcebible puesto que el fracaso se asocia como un fallo a nivel personal y a nivel social.  El aprendizaje no se basa en la reflexión ni en la relación de ideas si no en la mera repetición de conceptos asentados que difícilmente se pueden someter a crítica puesto que no resulta algo importante y otra vez conlleva al fallo, al error. Cuando cada vez que intentas deshacerte de las cadenas alguien tira hacia atrás más fuerte llega un momento en el que ya no intentas liberarte más, te acomodas  y vives con ello.
En mi opinión, debemos buscar día tras día esa libertad, esa sabiduría pero para ello es necesario el pensamiento crítico, el pensamiento libre que muchas veces tendemos a asociar con la libertad de expresión. La libertad de expresión es una herramienta inútil si el pensamiento de la sociedad sea por medio de la comunicación o por medio de la educación está controlado por el sistema, los gobernantes y sus intereses….por, en definitiva, los sofistas de hoy en día. Entonces aquí aparece la función del maestro pero no el maestro como alguien capaz de adiestrar a sus alumnos para hacer cosas, para resolver fórmulas o  para memorizar  y responder respuestas sino como una persona capaz de educar en el sentido más amplio de la palabra, alguien capaz de enseñar a buscar la libertad y encontrar los fines de nuestra vida que no están, o eso creo yo, en llegar a una nota media más alta o en estudiar una carrera con más salidas profesionales a pesar de que en realidad no te apasione o en ganar más dinero.
El fin de nuestra vida es estar satisfechos con nosotros mismos  siendo lo que somos  y no lo que se pretende que seamos o lleguemos a ser. Vivir apasionados por lo que hacemos y con el deber de preguntarnos siempre las razones que nos mueven a ello  para llegar así a ser verdaderamente libres.

Este es un fragmento de uno de los textos de Jose Luis Sampedro, filósofo español del siglo XX y principios del XIX,  fallecido el año pasado, de gran reconocimiento nacional e internacional y fuerte intención social. Este texto me ha servido para reflexionar acerca de mi opinión con respecto a la educación y la vida en la actualidad y darle una mayor base.

"¿Qué es la sabiduría?  El arte de vivir. No el arte de hacer cosas, el arte de vivir... Se puede vivir sin hacer muchas cosas, y se puede hacer muchas cosas sin saber vivir. La mayoría de la gente que ahora uno ve por la calle sabe hacer muchas cosas, se mueve todo el día, está agitada todo el día, y no sabe vivir. Hoy, en gran parte, el hombre de una ciudad civilizada y urbanizada es un servidor del sistema y de las máquinas, porque cuando tiene que ocuparse del coche, de la lavadora, de lo otro y de lo de más allá, se pasa el día alimentando cosas y sosteniendo cosas, cuando sencillamente podría vivir mejor. Porque lo que no está claro son los fines. ¿Cuáles son los fines de la vida?, ¿para qué vivimos?, ¿para qué estamos vivos? Estamos vivos para vivir, para hacernos, para realizarnos, para dar de cada uno de nosotros todo lo que puede dar, porque así tendrá todo lo que pueda recibir. Pero para que esto empiece hace falta libertad. Y para tener libertad, no libertad de expresión, lo que hay que tener es libertad de pensamiento, porque si usted no tiene libertad de pensamiento, da igual que hable o diga lo que quiera. El poder se asegura de que no tengamos libertad de pensamiento, para eso nos educa, para que pensemos lo que él quiere que pensemos. Y entonces, cuando consigue que nosotros pensemos lo que él quiere que pensemos, y eso lo consigue en la infancia, cuando enseña la doctrina, cuando enseña los principios; lo consigue en la sociedad con el ambiente general, con los principios, la publicidad, el mercado, etc. Cuando consigue que la gente piense lo que el poder quiere que piense, resulta que, si no tenemos libertad de pensamiento, no tenemos libertad de expresión, y no nos educan para tener libertad de pensamiento. Y cuando tengamos eso, podremos pensar en los fines de la vida, porque los fines de la vida no son aumentar en dinero y en gasto y en diversión, no es eso. Es ganar en satisfacción personal, ser más lo que uno es." José Luis Sampedro

2 comentarios:

  1. Muy buen texto, Marta (aunque Estela igual te exige derechos de autora, es lo que tiene dejarlo todo para última hora: que te pisan las ideas)
    Saludos

    ResponderEliminar
  2. Bonito texto el de Sampedro. Fíjate que resonancias aristotélicas tiene el texto cuando habla de fines que no son fines y al final, valga la redundancia, cuando dice que el objetivo es: "ser más de lo que uno es".

    ResponderEliminar