domingo, 5 de abril de 2015

El genio de la multitud.


Luchar por lo que se cree afirmándonos a nosotros mismos y alejarse de lo que se considera como correcto, no con el fin de situarse en contra sino con el deseo de demostrar que otra alternativa es posible, que no hay que tener miedo al cambio, que el cambio es posible y que es el propio devenir de la vida y del ser humano  lo que nos conduce a él, que evolucionamos por naturaleza y que debemos preguntarnos constantemente si lo que vivimos día a día es realmente lo correcto o si hay alguna forma de hacer que mejore.  En definitiva, superarnos a nosotros mismos, superar lo que consideramos como propiamente humano.
 “Übermensch”  es la expresión utilizada por Nietzsche, filósofo alemán nacido en 1844, en sus obras, para referirse a aquello  que es capaz de superar la humanidad y ,por lo tanto,que es capaz de superar los dos aspectos que el filósofo considera inherentes al ser humano en sociedad: la moral de rebaño y la moral del resentimiento. 
En primer lugar la moral de rebaño es la que nos conduce siempre a la búsqueda de la aprobación por parte de los demás y la que nos hace someternos a una serie de valores, reglas y principios que recibimos a medida que nos vamos integrando en nuestro entorno.  Esta moral está representada ,para el filósofo, por la moral tradicional cristiana, puesto que se trata de una moral de "renuncia" con unos valores que no podemos encontrar en esta vida, sino en otro mundo, en el supuestamente verdadero, en el más allá. Esta moral se dirige en contra de los instintos vitales, ya que propone una evasión completa con respecto al hombre concreto y respecto al mundo real, propone una vida de sumisión ante la justicia divina, de mesura y contención de los impulsos humanos, de espera y de fe.
 En segundo lugar, encontramos la moral de resentimiento que hace referencia a la manera de actuar del ser humano, siempre en contra de algo: “yo actúo de esta manera porque voy en contra de algo que considero incorrecto”.  El resentimiento es entonces lo que nos mantiene juntos como sociedad, lo que nos hace rebaño puesto que el resentido siempre necesita tener algo hacia lo que oponerse y por lo tanto ha de estar en sociedad “yo no voy a actuar como tú”. Un ejemplo claro de este tipo de moral serían todos los nacionalismos que reivindican la supremacía de un pueblo y una cultura frente a otra o las ideologías políticas que se radicalizan hasta el extremo de considerar enemigas a las personas que no comparten esas ideas o incluso, algo que podemos ver bastante a menudo: aficionados de equipos de futbol rivales que se insultan, se pelean e incluso llegan a agredirse por la influencia del resto del grupo, por el resentimiento y por el odio que sienten hacia el equipo contrario. Necesitan ese resentimiento para afirmarse como grupo, como nación o como movimiento ideológico,  lo necesitan para sentirse realizados e integrados dentro de su “rebaño”. En este punto convendría señalar que, en mi opinión, ha sido un error grave el considerar que el concepto de superhombre de Nietzsche guarda algún tipo de relación con la aparición del nazismo puesto que no existe una mayor moral de resentimiento (supremacía racial y odio a los judíos) y una mayor moral de rebaño que la que se pretende extender con esta ideología. El nazismo es el ejemplo más claro de los dos aspectos negativos que Nietzsche consideraba propios de la vida en sociedad llevados al extremo.
Nietzsche considera que estos dos aspectos negativos son necesarios y actúan como un puente hacia lo superhumano,que surge al superar estos dos tipos de moral a través de un proceso que ejemplifica valiéndose del uso de metáforas. De este modo, al principio, considera que el hombre fue un camello (simboliza al hombre que soporta y se inclina ante la religión y los dogmas) posteriormente  el camello se transforma en león (simboliza al hombre que se rebela contra el peso que se le impone, al hombre que destruye a Dios y los valores propios del rebaño) y por último el león se transforma en niño (simboliza al hombre que, liberado del  peso de la religión y de la moral tradicional, es capaz de establecer nuevos valores).
El superhombre nace, en definitiva, al adoptar  una actitud nihilista frente a la vida, nace mediante la destrucción de los valores preestablecidos al considerarlos falsos, al considerarlos como la nada. Esto es algo que puede generar en el ser humano bien una sensación de vacío existencial en el ser humano que se queda sin nada a lo que aferrarse, sin nada en lo que creer,  o bien una sensación de liberación del peso que suponía la religión y una moral vacía y, en consecuencia, la posibilidad de creación de nuevos valores acordes con los principios vitales del ser humano que para Nietzsche guardaran relación con los impulsos y los deseos, con el aquí y el ahora.
En mi opinión, no existe algo así como un “superhombre” sino que han existido acciones llevadas a cabo por hombres y mujeres a lo largo de la historia que han sido verdaderamente superhumanas. El error del ser humano ha sido el creer que una única persona puede llegar a ser considerado un superhombre, un líder que pueda decidir sobre el resto y actuar según su voluntad, imponiendo lo que individualmente consideraba sus valores a una mayoría, al rebaño. El error humano ha sido aceptar que la figura de un solo hombre puede erigirse por encima del resto como algo o alguien superior. Nietzsche habla de los superhombres, en un sentido creativo, como esas personas que se alejan del resto y comienzan a construir nuevos valores acordes a ellos mismos, afirmándose a sí mismos como seres capaces crear su propio camino a través del “sí, quiero hacer esto” pero no imponiendo sus deseo, no a través del “tú debes hacer esto”. Por ejemplo los grandes nombres de mujeres que han sido figuras clave para el movimiento feminista, mujeres como Simone de Beauvoir o Rosa Luxemburgo quienes se alejaron del rebaño, marcando una posición diferente a la que se esperaba de ellas por su condición de mujer. No se conformaron con el futuro que su sociedad les había guardado como madres, esposas y beatas sino que se arriesgaron a la condena, se arriesgaron al juicio del resto, a la exclusión social y a las consecuencias que eso traería a sus vidas y se  afirmaron a ellas mismas como mujeres, reivindicando su posición y sus capacidades, no sobre la base del resentimiento hacia los hombres, no sobre el odio al sexo opuesto sino sobre su propia existencia como seres humanos.
Otros ejemplo de acciones superhumanas son las de aquellos artistas que cultivaron su arte a pesar de las críticas y la incomprensión a la que se vieron sometidos por parte de una sociedad y una cultura incapaz de entender como bello algo distinto a lo que hasta entonces se había considerado como tal. Es el caso de los artistas dadaístas o surrealistas que desarrollaron a principios del siglo XX, dentro del movimiento vanguardista, un tipo de arte inmensamente creativo que rompía completamente con el lenguaje artístico hasta entonces utilizado, un arte que no pretendía ser el reflejo de la realidad, sino que pretendía elevarse hasta llegar a ser el reflejo del inconsciente humano. Con él se abría una nueva forma de ver la realidad que surgió tras la pérdida de todos los valores que hasta entonces se habían alabado y que desenvocó en el deseo de ruptura con la realidad que les había tocado vivir.
Por último, quiero añadir que ha sido el leer el poema “El genio de la multitud” de Charles Bukowski , poeta norteamericano,  lo que me ha hecho que reflexionar algo más acerca de la función que cumple el ser humano en la sociedad. Es un poema que, en mi opinión, sirve a la perfección para explicar esos dos tipos de moral (moral de rebaño y moral de resentimiento) de las que Nietzsche nos habla.  Se trata de un análisis profundo de la sociedad que le rodeaba, una sociedad hipócrita, hostil y ambiciosa,  una sociedad fundamentada en valores falsos y que menospreciaba a los que consideraba como fracasados porque así lo dictaban los estereotipos y los prejuicios que conformaban la moral de su rebaño. Una sociedad muy actual que adora su estructura social y que nunca llegará a comprender y  que tendrá miedo y que intentará acabar con todo aquello que sea distinto, apartando  a todo aquel que piense de forma peculiar, considerando como locura simplemente el hecho de atreverse a ver el mundo desde otra perspectiva.  


Hay suficiente traición y odio, violencia,
necedad en el ser humano corriente
como para abastecer cualquier ejército o cualquier
jornada.
Y los mejores asesinos son aquellos
que predican en su contra.
Y los que mejor odian son aquellos
que predican amor.
Y los que mejor luchan en la guerra
son -AL FINAL- aquellos que
predican
PAZ.
Aquellos que hablan de Dios
necesitan a Dios.
Aquellos que predican paz
no tienen paz.
Aquellos que predican amor
no tienen amor.
Cuidado con los predicadores
cuidado con los que saben.
Cuidado con aquellos que están siempre
leyendo libros.
Cuidado con aquellos que detestan
la pobreza o están orgullosos de ella.
Cuidado con aquellos de alabanza rápida
pues necesitan que se les alabe a cambio.
Cuidado con aquellos que censuran con rapidez:
tienen miedo de lo que no conocen.
Cuidado con aquellos que buscan constantes
multitudes;
no son nada solos.
Cuidado con
el hombre corriente
con la mujer corriente.
Cuidado con su amor.
Su amor es corriente, busca
lo corriente.
Pero es un genio al odiar
es lo suficientemente genial
al odiar como para matarte, como para matar
a cualquiera.
Al no querer la soledad
al no entender la soledad
intentarán destruir
cualquier cosa
que difiera
de lo suyo.
Al no ser capaces
de crear arte
no entenderán
el arte.
Considerarán su fracaso
como creadores
sólo como un fracaso
del mundo.
Al no ser capaces de amar plenamente
creerán que tu amor es
incompleto
y entonces te
odiarán.
Y su odio será perfecto
como un diamante resplandeciente
como una navaja
como una montaña
como un tigre
como cicuta
Su mejor
ARTE.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Freud, Shakespeare y el maltrato.





El amor como fuerza creadora de las más bellas historias, de los más bellos retratos y poemas, de las más hermosas sinfonías…
El amor como fuerza destructora de grandes imperios, de ciudades, de vidas o de sueños…
El amor en todas sus expresiones, facetas y condiciones ha sido motor y fuerza de la vida humana, llena de pasiones, deseos, odios y desengaños y en consecuencia del propio arte, reflejo de las inquietudes de los hombres y de sus historias. Desde los inicios del mismo pensamiento hemos tratado de darle una explicación a lo que no conocemos, a lo que nos da miedo, a lo que se escapa de la mera percepción o de nuestro conocimiento acerca de lo que nos rodea. Así ocurre con el amor ¿Qué es? ¿Cómo aparece? ¿Qué te hace sentir? ¿Dónde se encuentra? ¿Se acumula? ¿Desaparece? Estas dudas llevan a confundir, en muchas situaciones, el amor con ciertas pasiones oscuras como los celos o el control sobre las personas. Pasiones que nada tienen que ver con el amor real.
Muchos han sido los escritores, filósofos o poetas que han intentado buscar la definición del amor, la fórmula, el denominador común. Sin embargo, cada una de ellas depende de la propia historia del autor más allá del tiempo o el espacio. Por ejemplo para Platón, filósofo de la Grecia clásica “el amor es la alegría de los buenos, la reflexión de los sabios o el asombro de los incrédulos.” es decir, una idea que proporcionaba satisfacción y conocimiento; en cambio, para Lope de Vega o Quevedo, autores del siglo de oro español, el amor es para el primero “creer que un cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño y para el segundo “herida que duele y no se siente, es un soñado bien, un mal presente”, “enfermedad que crece si es curada” en definitiva, una contradicción en sí mismo. Por último, Para Bukowski, poeta estadounidense de mediados del siglo XX “el amor es parecido a ver una niebla en la mañana cuando despiertas antes de que salga el sol. Es solo un pequeño momento, y luego desaparece… El amor es una niebla que se incendia con la primer luz del día de la realidad”,  un sentimiento maravilloso, cegador y efímero.
En el lado contrario, o tal vez como parte del mismo, encontramos el odio como fuerza creadora de las más trágicas  historias, de los más oscuros retratos y poemas, de las más graves sinfonías…
También el odio como fuerza destructora de grandes imperios, de ciudades, de vidas o de sueños…
El odio ha resultado ser a lo largo del tiempo la fuerza más poderosa, más incluso que el amor. El odio es increíblemente profundo, tenaz y persistente, consigue pasar de generación en generación y continuar perfectamente intenso aunque las personas que lo sientan hayan olvidado ya sus motivos. El odio puede contagiarse, aprenderse y enseñarse y así “basta con que un hombre odie a otro para que el odio vaya corriendo hasta la humanidad entera.”, como aseguró Sartre.
Ambos sentimientos componen una dicotomía que parece regir nuestra propia existencia. Freud en el siglo XX elaboró una teoría dualista según la cual la naturaleza humana surgía de dos instintos básicos: Eros y Thanatos. En Eros se encuentra el instinto de la vida, el amor y la sexualidad y en Thanatos, el instinto de la muerte, la agresión y el odio. Eros nos conduce hacia la atracción y reproducción; Thanatos hacia la repulsión y la muerte. Sin embargo, cabría preguntarse entonces ¿cuál es el origen de estos impulsos? ¿son el origen propio de ellos mismos? o ¿punto de inicio para su contrario?
¿puede el odio nacer o alimentarse a partir del amor? ¿es capaz el amor de nacer del odio y llegar a superarlo? ¿cuál es la fuerza vencedora?
Freud tomó como inspiración para esta teoría la mitología griega. Eros era el dios del Amor  y la pasión, constituía una fuerza cósmica que según la leyenda llego a presidir el cosmos. Eros también era el dios que unía dioses y hombres y así el amor se presenta como una idea que mantenía todos los elementos unidos entre sí como algo continuo.
Thanatos era el dios de la muerte. Es curioso como Thanatos era el hermano gemelo, dentro de la mitología griega, de Hipnos, el dios del sueño y aquí encontramos la primera asociación o el estrecho vínculo entre la muerte y el dormir. Entre las diversas manifestaciones del instinto de la muerte están la agresividad o la violencia a las que thanathos como una pasión complementaria al Eros conduce con los celos, el odio…

Eliminando concepciones meramente estilísticas y literarias, encuentro en Shakespeare, dramaturgo inglés perteneciente al teatro isabelino (s. XVII) y por tanto tres siglos anterior a Freud, un gran reflejo de la teoría freudiana dado el gran interés que muestra el autor en sus obras por el estudio de las pasiones humanas llevadas al extremo (el amor, la ambición, el odio, los celos)  y las consecuencias que llegan a tener; en definitiva, un tipo de psicoanálisis de características algo más primitivas y con una sensibilidad y tono algo más mortal que ha marcado un antes y un después en la cultura occidental llegando a nosotros de una forma más natural y cercana que la propia teoría freudiana que percibimos como una idea más lejana y casi inaccesible. Sin embargo, en la obra de Shakespeare vemos retratada la condición humana con sus impulsos, pasiones y vicios como motor de las acciones de los personajes.

Podemos asegurar que una de las tragedias más representativas de esta lucha que se da dentro de uno mismo entre el Eros y el Thanatos o el amor y la muerte seria Otelo cuyo tema principal es la tragedia entre Otelo y Desdémona debido a los planes del malvado Yago, su alférez, a causa de su desmedida avaricia y sus deseos de venganza. En esta obra se trata la historia de amor entre Desdémona y Otelo y como esta se ve truncada por la aparición de Yago quien desea ocupar el cargo de Casio, el teniente de Otelo. Yago quien oculta sus verdaderas intenciones bajo una falsa lealtad y obediencia hace, mediante manipulaciones, que Otelo mate a su mujer a causa de sus celos. Al final Yago es descubierto por su mujer, que le había sido infiel manteniendo relaciones con Otelo antes de su matrimonio con Desdémona , y Otelo termina hiriendo a Yago y suicidándose por el error que había cometido.
Desdémona era una doncella bella, de buena familia y muy respetada mientras que Otelo era un general triunfador en la batalla, rico y poderoso pero de tez oscura y de orígenes inciertos. Ambos se enamoran y el poder de Otelo es suficiente para que la familia acceda a su matrimonio. Sin embargo Otelo no se muestra seguro de sí mismo, se siente juzgado y excluido por el resto y eso le lleva a dudar de la fidelidad de su propia esposa. Al principio son dudas sin una real importancia pero la influencia de Yago hace que el monstruo de los celos despierte incontroladamente dentro de Otelo quien desquiciado termina asesinando a la mujer que ama, a Desdémona.
En Otelo conviven ambas pasiones, Eros y Thanatos, que se van alternando durante la obra. Al principio se mueve por el Eros,  se enamora de Desdémona y viven su  historia de amor. Sin embargo, y a pesar de saber que Desdémona está perdidamente enamorada de él,   la duda no desaparece de su mente, se siente inferior a su mujer y siente que no la merece. Esta duda se va agravando movida por las pasiones más oscuras, por celos patológicos desmedidos y la falta de confianza que Otelo tiene de por sí haciéndole terminar con la vida de su mujer de forma premeditada y al final con su propia vida.

En mi opinión estamos demasiado habituados a convivir justificando la presencia mayoritaria del Thanatos o de convertir estas pasiones en una idea errónea de lo que es el amor. Sentimos muy alejada la tragedia de Otelo cuando esta obra refleja situaciones que por desgracia vemos día tras día en los medios de comunicación.  Hombres que son ejemplos como ciudadanos en la vida pública pero que en su vida privada maltratan a sus parejas sometiéndolas a vejaciones tanto físicas como psicológicas con el único motivo de imponer su autoridad y acabar con los demonios que residen en su mente.
El problema más preocupante lo encuentro en el aumento desmedido de la violencia de género y el machismo y la justificación que muchas jóvenes dan por desconocimiento de estas situaciones, al igual que Desdémona. Se parte de una premisa errónea pero socialmente inculcada del amor y de las relaciones. Situamos los celos dentro de las pasiones pertenecientes a lo que Freud denominaría el Eros puesto que “cuanto más celos tiene más me quiere” cuándo estos no dejan de ser pasiones destructivas que solo conducen a la agresividad y a la violencia. No creo en un amor que nazca y se perpetúe con la imposición y el control de una de las partes de la pareja. Se aceptan las llamadas constantes, el control de la forma de vestir e incluso las prohibiciones a salir con otros chicos y con amigas solteras puesto que “lo hace porque está enamorado de mí y se preocupa”.  Tendemos a convertir todas las pasiones negativas violentas en pasiones positivas provocando una situación actual insostenible.
Me es imposible creer que la justicia actual en España y los propios medios de comunicación sigan culpando, en algunos casos, a la propias mujeres de denunciar falsos casos de acoso o de violación. Me es imposible creer que en pleno siglo XIX se sigan aprobando socialmente los prostíbulos dónde la violencia y la agresividad y las vejaciones se suceden día a día, dónde se trata a las mujeres como objetos que comprar y vender, dónde grandes dirigentes firman contratos o celebran fiestas y al día siguiente lamentan el aumento del maltrato y el machismo en España.
Siempre se ha tenido miedo a la capacidad de las mujeres o a lo que pueden hacer sintiéndose y siendo completamente libres tanto en la actualidad como en la época en la que Shakespeare escribió su Otelo y Freud nos habló de las pasiones contrarias, el amor y el odio, que conviven dentro de las personas.



jueves, 27 de noviembre de 2014

El arte de vivir.



 Después de llevar mis últimos catorce años inmersa dentro de un sistema educativo increíblemente inconstante y prácticamente en ruinas creo que soy capaz de afirmar, sin lugar a dudas, que han sido esos catorce años los que han marcado la persona que soy tanto para bien como para mal así como la persona que seré en un futuro. Probablemente no nos damos cuenta de la importancia de la educación hasta que ya es demasiado tarde, hasta que ya hemos asumido una forma, una lógica, un pensamiento. Hasta que ya aceptamos el fracaso como un error y nos dejamos definir por un número o una nota media. Hasta que nos señalan y aceptamos como una verdad inquebrantable que nuestra vida futura va a depender de todo ello.  
Encontramos en un diálogo de Platón, uno de los más conocidos, a pesar de estar escrito hace 25 siglos  un sentido y una relación con la actualidad, una actualidad que nos afecta a todos a pesar de la indiferencia o la dejadez que mostremos o pretendamos aparentar. Se trata del Mito de la caverna y en él aparecen en primer lugar los prisiones quienes tienen su cuello atado con cadenas lo que hace que únicamente puedan observar y conocer las sombras que se proyectan en una pared obligándoles a vivir en la ignorancia puesto que detrás de ellos se alza un muro y tras él unos individuos que portan una serie de objetos, objetos sensibles.  Al haber detrás de ellos un fuego, los objetos de los portadores reflejan su sombra en la pared que, a su vez, ven los prisioneros quienes, al no conocer otra realidad, piensan que son objetos reales y no meras sombras  proyectadas. Sin embargo, los portadores ,a pesar de ser conocedores de la existencia de los prisioneros, no hacen nada para liberarlos y es más,  proyectan las sombras con un claro propósito, mantenerlos en la ignorancia. Valiéndose de esta escena Platón compara a los portadores con los sofistas quienes aun conociendo la realidad, mediante la demagogia y la retórica (proyectando sombras), hacen lo posible para mantener a los ciudadanos (los prisioneros) alejados de ella y así continuar ejerciendo una posición de poder y control en beneficio de sus propios intereses.  ¿Qué ocurre entonces? Uno de los prisioneros logra liberarse y así aparece la figura del maestro quién sí conoce la realidad ya que fuera de la caverna ha podido contemplar el Sol (el bien, la idea suprema, el máximo grado de conocimiento) y quiere mostrársela a los prisioneros que quedan ignorando las imposiciones de los portadores. Al principio del camino (el inicio del aprendizaje)  la luz  del fuego le deslumbra y el prisionero no cree que lo que está contemplando pueda ser real puesto que las sombras habían sido lo único que había conocido desde un principio.  Sin embargo, a medida que asciende el tortuoso sendero hacia la salida, va adquiriendo un verdadero conocimiento sobre todos los objetos físicos que le rodean, un conocimiento que para Platón no es real puesto que esos objetos pertenecen al mundo sensible y por lo tanto se encuentran en un cambio constante. Una vez llega al exterior, al principio otra vez deslumbrado,  puede conocer completamente.  Está ahora en el mundo de las ideas, el mundo real y puede contemplar el sol, la idea suprema del bien necesaria para poder regir nuestros actos y poseer un verdadero conocimiento. Sin embargo, el hombre virtuoso, según Platón, no es aquel que pasa toda su vida en ese mundo ideal ni el que se mantiene guardando lo que conoce para él mismo sino que es aquel que es capaz de volver otra vez al fondo de la caverna con el fin de ayudar a que el resto de prisioneros se libere, a que el resto de prisioneros conozcan, ese es el verdadero maestro. Para Platón la educación es la única vía para acceder al conocimiento y librarse de la ignorancia.
¿Qué relación puede tener esto con la actualidad?  Algunos dirán que ninguna, ahora nadie nos obliga a vivir en la ignorancia ni nos mantienen ajenos a las decisiones mostrándonos solo una parte ínfima de la realidad. ¡Al contrario! vivimos en una democracia, tenemos libertad de expresión, podemos acceder a todo tipo de informaciones gracias a los medios de comunicación  y a todo el mundo se le garantiza una educación. Sin embargo, otros veremos en la realidad actual el reflejo perfecto del mito de la caverna de Platón y es que estamos gobernados por los portadores, por sofistas, por expertos demagogos que sin cadenas y utilizando la democracia como pretexto conducen las opiniones de las personas hacia sus propios intereses, hacia los intereses de un mundo y un país en el que el capital se sitúa infinitamente antes que las vidas humanas. Así nuestro papel de ciudadanos aumenta en cierto modo con respecto al mito de la caverna puesto que para mantener el orden “democraticamente” preestablecido estamos inconscientemente destinados a ver, callar, producir y consumir. Es lo que conocemos, es con lo que hemos crecido y es con lo que viviremos a no ser que se produzca un cambio. Este cambio se sitúa para Platón el sendero de la educación, es decir, el proceso que todo ciudadano debe seguir para alcanzar lo que él denominaba el mundo de las ideas y que nosotros recogeríamos en la palabra sabiduría, sendero que también nos conduce a la libertad.
Entonces la pregunta sería ¿Cómo conseguir esa sabiduría y esa libertad a día de hoy?  Otra vez algunos responderían que con el sistema actual sirve, es suficiente puesto que es lo que se ha venido utilizando desde siempre y por lo tanto debe ser lo correcto. Sin embargo nos encontramos con que ese sistema no pretende formar ciudadanos, lo único que pretende es mantenerlos como a los  “prisioneros” en la caverna  justificando y ennobleciendo el uso de las cadenas que hacen que contemplemos como verdades universales, inquebrantables e inamovibles unas sombras que al final acabamos percibiendo como reales puesto que perdemos la capacidad de preguntarnos si no podría haber algo más allá. Este pensamiento único responde solamente a los intereses de los  gobiernos por hacer  de los ciudadanos instrumentos sin la capacidad de pensar o decidir por sí mismos o de valorar  lo que tienen y someterlo a la duda que es propia de cada persona. Este pensamiento único hace que nos perdamos como individuos reduciendo nuestras capacidades al colectivo, a lo común y es que al pensar lo contrario nos arriesgamos a ser tachados de irreverentes, nos arriesgamos al fracaso,  algo que resulta inconcebible puesto que el fracaso se asocia como un fallo a nivel personal y a nivel social.  El aprendizaje no se basa en la reflexión ni en la relación de ideas si no en la mera repetición de conceptos asentados que difícilmente se pueden someter a crítica puesto que no resulta algo importante y otra vez conlleva al fallo, al error. Cuando cada vez que intentas deshacerte de las cadenas alguien tira hacia atrás más fuerte llega un momento en el que ya no intentas liberarte más, te acomodas  y vives con ello.
En mi opinión, debemos buscar día tras día esa libertad, esa sabiduría pero para ello es necesario el pensamiento crítico, el pensamiento libre que muchas veces tendemos a asociar con la libertad de expresión. La libertad de expresión es una herramienta inútil si el pensamiento de la sociedad sea por medio de la comunicación o por medio de la educación está controlado por el sistema, los gobernantes y sus intereses….por, en definitiva, los sofistas de hoy en día. Entonces aquí aparece la función del maestro pero no el maestro como alguien capaz de adiestrar a sus alumnos para hacer cosas, para resolver fórmulas o  para memorizar  y responder respuestas sino como una persona capaz de educar en el sentido más amplio de la palabra, alguien capaz de enseñar a buscar la libertad y encontrar los fines de nuestra vida que no están, o eso creo yo, en llegar a una nota media más alta o en estudiar una carrera con más salidas profesionales a pesar de que en realidad no te apasione o en ganar más dinero.
El fin de nuestra vida es estar satisfechos con nosotros mismos  siendo lo que somos  y no lo que se pretende que seamos o lleguemos a ser. Vivir apasionados por lo que hacemos y con el deber de preguntarnos siempre las razones que nos mueven a ello  para llegar así a ser verdaderamente libres.

Este es un fragmento de uno de los textos de Jose Luis Sampedro, filósofo español del siglo XX y principios del XIX,  fallecido el año pasado, de gran reconocimiento nacional e internacional y fuerte intención social. Este texto me ha servido para reflexionar acerca de mi opinión con respecto a la educación y la vida en la actualidad y darle una mayor base.

"¿Qué es la sabiduría?  El arte de vivir. No el arte de hacer cosas, el arte de vivir... Se puede vivir sin hacer muchas cosas, y se puede hacer muchas cosas sin saber vivir. La mayoría de la gente que ahora uno ve por la calle sabe hacer muchas cosas, se mueve todo el día, está agitada todo el día, y no sabe vivir. Hoy, en gran parte, el hombre de una ciudad civilizada y urbanizada es un servidor del sistema y de las máquinas, porque cuando tiene que ocuparse del coche, de la lavadora, de lo otro y de lo de más allá, se pasa el día alimentando cosas y sosteniendo cosas, cuando sencillamente podría vivir mejor. Porque lo que no está claro son los fines. ¿Cuáles son los fines de la vida?, ¿para qué vivimos?, ¿para qué estamos vivos? Estamos vivos para vivir, para hacernos, para realizarnos, para dar de cada uno de nosotros todo lo que puede dar, porque así tendrá todo lo que pueda recibir. Pero para que esto empiece hace falta libertad. Y para tener libertad, no libertad de expresión, lo que hay que tener es libertad de pensamiento, porque si usted no tiene libertad de pensamiento, da igual que hable o diga lo que quiera. El poder se asegura de que no tengamos libertad de pensamiento, para eso nos educa, para que pensemos lo que él quiere que pensemos. Y entonces, cuando consigue que nosotros pensemos lo que él quiere que pensemos, y eso lo consigue en la infancia, cuando enseña la doctrina, cuando enseña los principios; lo consigue en la sociedad con el ambiente general, con los principios, la publicidad, el mercado, etc. Cuando consigue que la gente piense lo que el poder quiere que piense, resulta que, si no tenemos libertad de pensamiento, no tenemos libertad de expresión, y no nos educan para tener libertad de pensamiento. Y cuando tengamos eso, podremos pensar en los fines de la vida, porque los fines de la vida no son aumentar en dinero y en gasto y en diversión, no es eso. Es ganar en satisfacción personal, ser más lo que uno es." José Luis Sampedro

sábado, 4 de octubre de 2014

"Caminante no hay camino, se hace el camino al andar."



Parece que pasen los siglos que pasen las preocupaciones humanas se van a ir heredando y es que somos seres tímidos y dudosos cuya única constante en la vida es hacerse preguntas con la esperanza de encontrar la respuesta algún día. Sin embargo nos resulta muy complicado aceptar que una vez hallemos la tan ansiada verdad ya no seremos los mismos que un día la buscaron, que la misma búsqueda nos habrá hecho cambiar y que los sueños que tuvimos formaran parte del camino pasado y otros nuevos nos habrán de acompañar. 
Heráclito en el siglo VI a.C. ya hablaba de ello y es que creía que la única constante de todos los seres era el cambio puesto que nada permanece igual: a la noche la sucede el día, lo que es claro termina por volverse oscuro, el agua que en un momento estuvo caliente acaba por enfriarse. Está idea se enmarca dentro de la expresión griega “Panta rei kai oudén ménei” que se traduciría por “todo fluye, nada permanece”  Heráclito defendía está afirmación asegurando que nadie puede entrar dos veces al mismo río… puesto que el río siempre cambia debido al continuo movimiento del agua y quien entró una vez a esas aguas tampoco puede escapar de este cambio, y, por lo tanto, no será el mismo al regresar a la orilla.  Debemos ser conscientes de ello para llegar a conocer y a vivir y tener presente que es algo propio de todo lo que nos rodea .
Si observamos la mitología griega nos daremos cuenta de que también encontramos esta afirmación y es que nosotros mismos como se relata en el enigma de la Esfinge estamos sujetos al cambio, somos los únicos seres capaces de caminar a cuatro, dos y tres patas puesto que cuando nacemos gateamos, al crecer nos elevamos sobre nuestras dos piernas y al llegar a la vejez necesitamos la ayuda de un bastón.   Esto no es más que la consecuencia  y una evidencia más de como nuestra existencia y todo lo que tenemos va cambiando a lo largo del tiempo. 
Creemos que nuestra vida está formada por esos pequeños detalles con los que convivimos día a día, con nuestra rutina, con lo que hace feliz a todo el mundo, una buena película, un buen libro, el amor, la amistad… pero cuando esto nos falla, cuando esto de golpe cambia terminamos perdiéndonos a nosotros mismos, sin saber hacia dónde dirigir nuestros pasos porque no somos conscientes de que resulta ser que nada ni nadie es eterno y nos aterra pensar en esa idea. Tenemos un miedo absurdo hacia lo desconocido, hacia el qué será de nosotros si las cosas cambian. Yo no soy la misma que era cuando empecé a escribir este texto ni tú eres igual que cuando comenzaste a leerlo para bien o para mal. Aun así debemos aprender a vivir con ello porque creo, como creía Heráclito en el siglo VI aC, que forma parte de nosotros. El cambio es la única certeza que tenemos.
Hay un poema del autor griego Kavafis que me ha ayudado a comprender esta idea, a saber que todo cambia y todo “fluye” y nada es lo que parece. Está inspirado en el viaje de regreso a Ítaca de Ulises. Se trata de una invitación al viaje, una metáfora de la vida en la que debemos ir recorriendo las diferentes etapas de nuestro camino con el fin de algún día llegar o naufragar en Ítaca, el final de nuestro viaje. Pero como en la vida lo verdaderamente importante no es el lugar hacia donde nos dirigimos sino lo que vamos viviendo durante el caminar, nuestro aquí y ahora, las experiencias y los cambios buenos o malos que nos harán aprender. A su vez y como en la vida los frenos y los obstáculos que nos pongamos en el camino no serán más que los que nosotros llevemos dentro. Debemos aprovechar el momento y los cambios que vayamos experimentando para poder vivir plenamente y una vez lleguemos a nuestra particular Ítaca (nuestros sueños) nos demos cuenta de que lo importante ha sido lo que hemos recorrido y que ya no somos los mismos que empezamos el viaje.

“Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca
ruega que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
A los Lestrigones, a los Cíclopes
o al fiero Poseidón, nunca temas.
No encontrarás trabas en el camino
si se mantiene elevado tu pensamiento y es exquisita
la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,
ni al feroz Poseidón has de encontrar,
si no los llevas dentro del corazón,
si no los pone ante ti tu corazón.
Ruega que sea largo el camino.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que – ¡con qué placer! ¡con qué alegría! –
entres en puertos nunca antes vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finas mercancías,
madreperla y coral, ámbar y ébano,
y voluptuosos perfumes de todo tipo,
tantos perfumes voluptuosos como puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
para que aprendas y aprendas de los sabios.
Siempre en la mente has de tener a Ítaca.
Llegar allá es tu destino.
Pero no apresures el viaje.
Es mejor que dure muchos años
y que ya viejo llegues a la isla,
rico de todo lo que hayas guardado en el camino
sin esperar que Ítaca te dé riquezas.
Ítaca te ha dado el bello viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
No tiene otra cosa que darte ya.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado,
sabio como te has vuelto con tantas experiencias,
habrás comprendido lo que significan las Ítacas.”
                                                                                              Kavafis.


 La verdad es que quedan tantísimas cosas por descubrir y por vivir y por conocer… y es que la vida humana y el pensamiento humano resultan tan sumamente complejos y  tan extrañamente contradictorios que terminan siendo maravillosos.

lunes, 12 de mayo de 2014

¿Quién debería gobernar?



Me parece que escriba lo que escriba todo esto serán utopías, meras suposiciones de una adolescente con deseos imposibles y aires de revolucionaria amateur. Puestos a suponer supongamos que creo que se necesita un gobierno, que la vida en sociedad seria imposible sin él. Supongamos que acepto esa serie de afirmaciones. Me parece que a lo largo de la historia una serie de modelos se han ido alternando, una serie de formas de gobierno según los intereses de unos, otros o ,en contadas y efímeras  ocasiones, de aquellos pocos.  Nunca ha faltado un líder absoluto nombrado por él mismo y sus secuaces, o un conjunto limitado de personas elegidas “democraticamente” (pongo comillas porque en mi opinión en una elección democrática participan todos los ciudadanos, no solo los ese gobierno considera como tales) o incluso comunidades enteras. Entonces surgen una serie de preguntas ¿qué gobierno es el mejor? ¿ deben los ciudadanos confiar en una institución que regule su vida, su libertad y sus derechos? ¿podría existir una sociedad sin gobierno?  Intentaré dar respuesta a todas estas preguntas basándome en las ideas desarrollas por algunos filósofos  y en mi propia opinión respecto a ellas.
En la actualidad vivimos en un mundo completamente absorbido por el capitalismo en el que una mayoría oprimida se ve en la obligación de seguir las pautas marcadas por la minoría opresora, la minoría poderosa que tiene el control de todos los medios de producción y sus intereses se ven respaldados por los gobiernos  de los países que al parecer se denominan a si mismos democráticos. Vivimos en un sistema en el que cualquier otra posibilidad de gobierno es inconcebible y la opción de cambio ni siquiera es tenida en cuenta. No hemos aprendido nada de la historia y parece que esta se repite una y otra vez con caras nuevas eso si pero con las mismas ideas.
Nunca nos ha faltado un dictador autoritario, fascista que  hubiera llegado al poder mediante la fuerza como en la España de Franco provocando un golpe de estado y después una guerra civil de tres años tras la cual se mantuvo otros cuarenta persiguiendo, apresando, torturando y fusilando a todos los se se rebelaron contra él o tan solo eran sospechosos de ello.  También mediante el juego democrático por el cual un gobierno de las características del de Hitler en Alemania fue considerado legítimo. El gobierno nazi que ejecutó y apresó a toda la población judía, gitana, homosexual…por el mero deseo de preservar la raza aria. Estos sistemas llegan y se mantienen mediante la fuerza, la represión y el convencimiento de gran parte de la población de que son la única solución a sus problemas, de que son el único medio para preservar su identidad como pueblo. Es curioso como en  todos los gobiernos de este estilo se utiliza la palabra “libertad”como mas conviene.
Otro tipo de gobierno es en el cual un numero limitado de personas ejercen su poder como en siglos pasados la aristocracia. En esa época solo se permitía participar en la política y por consiguiente solo tenían el derecho al voto a las clases privilegiadas que obviamente establecían medidas que únicamente les beneficiasen a ellos olvidándose del resto de la población quienes sufrían las consecuencias de tanto y tan despiadado egoísmo.  Durante la ilustración aparecieron pensadores como Locke quien defendía el estado liberal en el cual todos los hombres tienen derecho a la libertad, la propiedad privada que se consigue mediante el trabajo y la autodefensa, derecho que el hombre cede al estado que es el que debe garantizarlo. Parece un sistema perfecto y es el que en la actualidad y salvando las distancias siguen las democracias occidentales. Sin embargo este sistema genera las mayores diferencias. En él es el dinero lo que importa, la propiedad privada, cuanto más mejor y si no eres capaz de conseguir un trabajo o de tener una casa, no es por culpa del sistema sino por tu incompetencia. Es aquí donde encuentran su lugar las minorías opresoras que con su poder monetario reprimen a la mayoría trabajadora. En definitiva, el capitalismo.
Con la Revolución Francesa se produce en Europa un cambio, aparece la democracia en la que participa toda la comunidad expresando su deseo mediante el sufragio universal masculino. Este cambio se ve influido por Rousseau, otro filosofo ilustrado quien  defendía que la única forma de legitimación del poder era mediante la voluntad general, mediante el verdadero deseo de los ciudadanos que desde su libertad renuncian a sus intereses privados en busca del bien común de la sociedad. La autoridad de un gobierno viene dada por el respeto de sus gobernantes por la voluntad general. A su vez Rousseau también defiende que la propiedad privada es la fuente de las desigualdades dentro de una sociedad. Puesto que los intereses deben ser comunes, la propiedad también debe serlo. Cuando las propiedades están desigualmente repartidas, como en realidad ocurre, y el estado continua defendiendo ese sistema entonces no se defiende el bien común sino los intereses de aquellos que tienen el mayor poder económico.
En la democracia actual todos los ciudadanos podemos votar y una de las ventajas mas importantes que tendría la democracia es que las medidas que se aprueban beneficiarían a la mayoría. Utilizo el condicional “que tendría" y "beneficiarían” porque mal que nos pese no podemos decir que vivimos en una democracia. Las medidas que se toman no cuentan con la ciudadanía y únicamente pretenden contentar a las grandes compañías y las entidades bancarias. Justifican estas acciones alegando que son un gobierno legitimo, es decir, un gobierno que ha llegado al poder mediante el apoyo de la sociedad. Pero ¿sigue considerándose legitimo aquel gobierno que no respeta la voluntad general? En mi opinión no, la mayoría de las leyes o reformas se aprueban a pesar del malestar generalizado de la población que en numerosas ocasiones sale a la calle a protestar, a mostrarse en contra de lo que este gobierno pretende hacer y hace. Este gobierno que dice representar a todos los españoles cada vez se aleja mas de la realidad mostrando como una pequeño grupo de hippies revolucionarios en paro movimientos como el 15M o las multitudinarias manifestaciones que llenan las calles de historias y vidas que no se tienen en cuenta y que son el reflejo de otros muchos que prefieren quedarse callados.
En mi opinión creo que la gran mayoría de las personas son en gran parte indiferentes a la política, obviamente saben lo que ocurre a su alrededor pero ellos de momento están bien, van tirando y  lo  que hagan los políticos que mas da, eso no les afecta. La juventud de hoy en día también prefiere mirar para otro lado. Es mucho mas interesante un partido de fútbol o ir de compras todos los fines de semana que pararse a pensar que probablemente en unos años tengas que tirar de los ahorros, si es que los tienes, para poder llegar a fin de mes. No estamos para nada concienciados con la realidad actual y es que esta democracia representativa que tan bien nos venden en los medios de comunicación hace que creamos lejanos problemas que nos afectaran a todos más tarde o más temprano.
Entonces ¿quien debería gobernar?. Después de todo lo dicho he llegado a la conclusión de que podría creer en una democracia directa en la que de verdad la ciudadanía tomara sus decisiones mediante un REFERÉNDUM donde se podría consultar a la población a la hora de tomar ciertas medidas. Creo en una sociedad en la que no gobernara únicamente una clase social, una clase privilegiada como en realidad ocurre. Creo en una democracia que naciera de la educación, el pensamiento critico, la filosofía y los valores éticos y a la vez buscara fomentarlos, no reprimirlos.



domingo, 27 de abril de 2014

Habitus



De un tiempo a esta parte me he dado cuenta de que mi camino, mi papel en lo que seria mi entorno social ha estado desde siempre pautado, trazado y decidido desde antes de que yo me quisiera dar cuenta. Ahora mismo estoy en un momento en el que aún no logro entender el porqué de muchas cosas y eso me genera dudas, preguntas y cuestiones varias sobre lo que podría ser y por razones que parecen ser deliberadamente descartadas no es.  Puede que sea cierto eso de que vivimos en un mundo en el que unos pocos llevan la batuta y al resto les toca seguir el ritmo como deban o deseen creer que quieren y pueden. Quizá buscamos con desesperación la salida del  callejón, la queremos aquí y ahora, ya mismo, porque al fin y al cabo no nos merecíamos esto, estamos aquí solo porque unos decidieron por nosotros que girar hacia un lado seria muchísimo mejor que continuar recto. Lo que probablemente no queremos aceptar es que se trababa entonces y se trata ahora de un callejón sin salida del cual solo derribando los muros se podría escapar. Pero todo esto son metáforas que se pierden entre argumentos económicos o matemáticos que parece que lo único que pretenden demostrar es que en las cajas de los bancos se continua, al mas puro estilo del Tío Gilito, nadando en la abundancia mientras la sociedad se hunde cada vez más en su propia escasez.
Pero  la verdad es que no tengo ni idea, no sé nada del mundo que me rodea,  no tengo la certeza  de que lo que creo saber sea en realidad producto de mi pensamiento o únicamente es lo que a mi alrededor le interesa que sepa. Tengo  dieciséis años, soy muy joven pero ya desde los doce parece que mi destino, si es que eso existe, esta determinado y yo por mucho que me esfuerce no puedo hacer nada para cambiarlo porque “ ¿A quién se le ocurre en los tiempos que corren estudiar humanidades?  Si  eso no tiene salidas, ni futuro, ni nada.  Anda  mejor estudia derecho o economía o una ingeniería que eso, eso si que te va a servir de algo”. Y mira puede que sea  cierto ¿ cómo se puede tener una formación humanística cuyo objetivo principal es desarrollar el pensamiento critico en un sistema tanto político, social y educativo que intenta por todos los medios destruirlo y pretender salir adelante? Esta fuera de toda lógica. Porque desde bien pequeñitos nos enseñan que esto hay que hacerlo así y no de otra forma, que el cinco es un aprobado, que el cuatro es un suspenso y que sacar un diez es un motivo de felicidad. Se nos enseña a temer el fracaso y a sentir que el éxito en nuestra vida depende de un numero o de una nota media.
Aprendemos que hay que saber responder respuestas de una manera concisa, siguiendo un orden y recordando todo aquello que nos hayamos aprendido previamente de memoria. Pero ¿qué pasa cuando intentamos hacernos preguntas sobre un tema? ¿Qué pasa cuando todo despierta en nosotros un porqué? O bien  nos quedamos en blanco o bien nos encontramos sin ningún tipo de argumento con el que respondernos y entonces decidimos dejarlo pasar y quedarnos con la definición, con la fórmula, con la acepción principal. En mi opinión, la de alumna, la cuestión no esta solo en aprender a contestar respuestas sino en enseñar a hacer preguntas. A favorecer la libre expresión sea cual sea la forma sin poner limites de extensión, formalidad o guion a los pensamientos. 

La educación no deja de ser un mecanismo, puede que el más importante, para manejar la sociedad, para asentar generación tras generación los pilares básicos de un sistema, nuestro sistema, nuestro "habitus".  Esta es una palabreja rescatada y adaptada de la filosofía griega por Pierre Bourdieu ,un gran sociologo de nuestro tiempo ,que representa,en resumen,  la forma de obrar pensar o sentir que comparten las personas que viven en un mismo entorno social. "El habitus se define como un sistema de disposiciones durables y transferibles -estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes- que integran todas las experiencias pasadas y funciona en cada momento como matriz estructurante de las percepciones, las apreciaciones y las acciones de los agentes cara a una coyuntura o acontecimiento y que él contribuye a producir" (Bourdieu, 1972) En mi opinión el habitus nos hace ser como somos y afecta a todos los procesos que experimentamos en nuestra vida, juzgamos algo porque no nos parece correcto simplemente porque nos han enseñado que es así pero no nos planteamos que pueda haber otra forma y ese es nuestro problema. "¿Por qué las cosas son así? Porque sí, porque tienen que serlo" No nos cuestionamos nada, pretendemos que los problemas se solucionen solos o que vengan otros a hacerlo por nosotros para darnos una respuesta que sea la que queramos oír y poder tranquilizar nuestras conciencias para seguir con nuestra vida, como podamos, como nos dejen.

Yo solo espero que algún día, no sé muy bien cuando, alguien se de cuenta de que hay que cambiar nuestro sistema, nuestra forma de actuar, el habitus. Porque estos tipos de estructuras sociales no servían entonces y mucho menos ahora.  Necesitamos  un cambio, uno real.

lunes, 14 de abril de 2014

"Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro."



El bien común, como un derecho de ser disfrutado  por todos y cada uno de los miembros de una sociedad, sin privilegios de clase, fue sustentado como idea  por Platón en su República, como objetivo del gobernante, un ser superior y sabio, capaz de distribuir equitativamente lo que a cada uno le corresponde. El individuo desarrolla su vida dentro de la polis, a la que está  unido, tendiendo al bien de todos que es mucho más que la suma de los bienes personales.
El gobernante no debe aspirar a riquezas personales, ni al beneficio de algunos, sino al de la totalidad.  Platón distingue la moral del gobernante de la moral de la Política ya que la primera la moral debe ser la de una persona intachable (ejemplaridad pública) y la segunda, la moral de la política, puede utilizar ciertos medios que no son aceptables en el plano personal, como mentir, si es por el bien de todos.
Para Karl Popper  (Viena 28 de julio de 1902/ Londres 17 de septiembre de 1994) la percepción "platónica" del bien común es utópica y lo argumenta de la siguiente manera:
Es necesario no solo un plan o concepto de lo que la sociedad final debe ser,  sino también un gobierno fuerte y centralizado, un corto número de personas en el gobierno -los reyes filósofos-  encargados del gobierno, benevolentes, pero implacables, no interesados en los derechos o beneficios de los individuos como tales sino en la comunidad como entidad, de acuerdo a lo que decía Platón: "...nosotros no establecemos la ciudad mirando a que una clase de gente sea especialmente feliz, sino para que lo sea en el mayor grado posible la ciudad toda;..."
Esa percepción puede ser capaz -en la opinión de Popper- de conducir fácilmente a una dictadura. A la concentración del poder en manos de unos pocos y la pérdida de la libertad del individuo.
Además, “El método de establecer, primero, una meta política última y de comenzar a avanzar luego hacia ella, es fútil si admitimos que este objetivo puede alterarse considerablemente durante el proceso de su materialización.” (Popper) Así, este ideal absoluto e inmutable solo tiene validez si asumimos otros dos supuestos:
•             Que existen métodos racionales para determinar de una vez para siempre cual es el ideal.
•              Acuerdo sobre los mejores métodos para su obtención.
A falta de acuerdo en relación a algunos de esos puntos, no queda otro remedio que la fuerza o la restricción, con lo que se va a gobiernos totalitaristas o dictatoriales. Platón dice: "..., si se aspira a que una ciudad se desenvuelva en buen orden, hay que impedir por todos los medios que nadie diga en ella que la divinidad, que es buena, ha sido causante de los males de un mortal ...." y para que esto sea así, según Popper,  entonces los que cuidan de la ciudad han de esforzarse para que esto de la educación no se corrompa sin darse ellos cuenta, sino que  han de vigilarlo, de modo que no haya innovaciones contra lo prescrito.

En mi opinión no se oponen bien común y bien de la persona (individuo), pues la persona que se cierra solo en su individualidad no puede realizarse y madurar  su propio bien, y consecuentemente también el bien de los demás. Cuando una persona que tiene sus propios valores y actúa en libertad con su conciencia participa, se integra, en un grupo mayor para la realización de alguna acción (equipo), el disfrute de lo que se consigue, la sensación de autorrealización y consecuentemente de felicidad es mayor que cuando la acción es sólo individual y reporta sólo un beneficio para la persona y no para un colectivo.
En una convivencia las libertades del individuo están sujetas a normas establecidas que existen y regulan esa convivencia y que son necesarias para el bien común.  Por ejemplo: en una comunidad de vecinos existen unas normas de horarios para no hacer ruido a determinadas horas para facilitar el descanso de todos los vecinos. Si mi acción individual fuese hacer una fiesta a las doce de la noche, eso iría en contra del derecho de mis vecinos a poder estar tranquilos en sus casas y poder descansar, pero esa misma norma que me limita a la vez es un derecho mío frente al resto de mis vecinos y por lo tanto es un bien mayor que la pérdida de ejercer la libertad de hacer lo que quiera en un momento determinado. Creo que hay que actuar en todo momento en libertad pero valorando las consecuencias de nuestros actos para los demás, por lo que algo aparentemente bueno para nosotros puede causar daño a otros y debe estar en nuestros valores como personas el respeto al bien común y a no causar daños a terceros.

En una sociedad las personas tienen derecho  a una vivienda digna y por tanto el estado y los gobernantes deben trabajar porque todo el mundo, todas las personas,  puedan acceder a ella. Se debieran tomar medidas urgentes a favor de evitar los desahucios por impagos en determinadas ocasiones donde las condiciones bancarias son abusivas y donde no se quieren buscar soluciones en línea del bien común. Los desahucios que están provocados por consecuencias injustas de una crisis que pagan los que no tuvieron nada que ver en su generación, mientras que los bancos que en su momento tuvieron un beneficio individual y no trabajaron por el bien común están siendo ayudados a salir de esa crisis por el estado y mientras los ciudadanos quedan en la cuneta con medidas indecentes.
Tener conciencia de ser parte de un todo más grande que el propio individuo, sabernos parte de  un colectivo, de una comunidad, que nuestra presencia favorece los objetivos de un grupo, que se forma parte de un proyecto concreto (familia, empresa, grupo de amigos, partido político, país ..), en definitiva, creer en “el nosotros” nos lleva a un cambio total en la forma de enfocar nuestras acciones  y permite que la identidad individual “el yo”  se fortalezca.
La construcción del bien común es labor de todos. En el momento actual hay una sensación de “erial en la sociedad”, la gente está harta de las clases dirigentes, se ha instaurado la desconfianza y todos tenemos la sensación de que en muchos aspectos  nos han engañado y nos sentimos estafados. Más allá del diagnóstico de la situación la cuestión fundamental es cómo salir de ella: el tratamiento.
La sociedad necesita comportamientos ejemplares de sus gobernantes y necesita comportamientos ejemplares de cada uno de los individuos.
Por ejemplo  los escándalos de financiación de los partidos, de quiebras en bancos que dejan sin ahorros a la clase trabajadora, de enriquecimiento indebido por parte de personas que tenían cargos de responsabilidad en los partidos políticos, la corrupción que parece instalada en la sociedad parecen resultado de un tiempo en el que sólo se ha tratado el individualismo y el éxito social en claves materialistas y todo ello nos ha llevado a tener la sociedad actual que tenemos donde se dice que la “crisis económica va acompañada de una gran crisis de valores”, que probablemente haya sido a la inversa.. la crisis de valores , el todo vale en beneficio del individuo, la no valoración de las buenas personas sino de las personas que más tienen , ha contribuido a llevarnos a la crisis económica que atravesamos.
No podemos sólo esperar, mirar a los demás y esperar soluciones, cada uno debe ser responsable de buscar su futuro.

Las reflexiones están sobre la mesa, hay posibles soluciones…aunque haya mil motivos para pensar que quizás los valores seguirán aparcados en ese lugar ajeno a toda pregunta y respuesta donde se quedan aparcadas las cosas.